¿Qué ha hecho la Secretaría de Salud del Cauca ante la emergencia del Puracé? Las preguntas sin respuesta
A 12 días de declarada la alerta naranja, surgen interrogantes sobre la suficiencia de las acciones desplegadas por la cartera de salud departamental que dirige Carolina Camargo Restrepo. El último boletín del SGC revela nuevos puntos de desgasificación y dispersión de SO₂ en un radio de 250 kilómetros, mientras comunidades reportan síntomas respiratorios y falta de atención integral.
Por: Armando Melendez el periodista mejor dateado
El boletín extraordinario del Servicio Geológico Colombiano (SGC) del 10 de diciembre confirmó lo que las comunidades del oriente caucano vienen padeciendo: nuevos puntos de desgasificación en el volcán Puracé, emisiones de dióxido de azufre detectadas en un radio de 250 kilómetros y columnas de ceniza que han alcanzado los 1.000 metros de altura. Frente a este escenario, diversas voces comienzan a cuestionar si las acciones de la Secretaría de Salud Departamental del Cauca, a cargo de Carolina Camargo Restrepo, han sido proporcionales a la magnitud de la emergencia.
¿5.000 tapabocas para 50.000 personas?
Según los comunicados oficiales de la Gobernación del Cauca, la Secretaría de Salud ha entregado aproximadamente 5.000 unidades de tapabocas entre la población afectada. Sin embargo, el mapa de amenaza volcánica del SGC estima que en la zona de influencia del Puracé habitan principalmente comunidades indígenas y campesinas de los municipios de Puracé, Popayán y Sotará, lo que suma decenas de miles de personas potencialmente expuestas.
La pregunta que surge es directa: ¿Cómo se protegen las vías respiratorias de más de 50.000 habitantes con apenas 5.000 tapabocas? Los tapabocas convencionales, además, tienen una vida útil limitada ante la exposición continua a ceniza y gases volcánicos. ¿Se ha contemplado la reposición periódica de estos elementos de protección?
Un solo hospital fortalecido: ¿y el resto de la red?
La secretaria Camargo ha destacado el fortalecimiento del hospital de Coconuco con tres balas de oxígeno, medicamentos para emergencias y nebulizaciones. Pero Coconuco es apenas uno de los múltiples centros poblados en riesgo. Veredas como Chapío, Río Negro, Paletará, Patugó, La Estrella, Bedón y Cristales han reportado exposición directa a gases y ceniza.
¿Qué capacidad de atención tienen los puestos de salud de estas veredas? ¿Cuentan con oxígeno medicinal, nebulizadores y personal capacitado para atender crisis respiratorias? ¿Cuántos promotores de salud se han desplegado en territorio? Los comunicados oficiales no ofrecen estos detalles.
Dos semanas de olor a azufre: ¿dónde está el monitoreo epidemiológico?
Habitantes de Chapío, Paletará y sectores del norte de Popayán llevan más de dos semanas reportando fuertes olores a azufre. El dióxido de azufre (SO₂) es un irritante respiratorio que puede provocar desde tos y ardor ocular hasta crisis asmáticas severas en personas vulnerables. La literatura médica indica que concentraciones tan bajas como 0.2 ppm pueden desencadenar síntomas en pacientes asmáticos.
¿Ha implementado la Secretaría de Salud un sistema de vigilancia epidemiológica activa para detectar incrementos en consultas por enfermedades respiratorias? ¿Se están monitoreando los servicios de urgencias de Popayán, Totoró y Puracé para identificar patrones asociados a la exposición volcánica? ¿Existe un registro de pacientes atendidos por síntomas relacionados con las emisiones del Puracé? Hasta el momento, no se han divulgado cifras al respecto.
Poblaciones vulnerables: ¿protocolos diferenciados o respuesta genérica?
Los efectos del SO₂ no son iguales para todos. Niños menores de cinco años, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades respiratorias crónicas (asma, EPOC) o cardiovasculares requieren atención diferenciada y medidas de protección reforzadas.
¿Ha elaborado la Secretaría de Salud un censo de población vulnerable en la zona de influencia del volcán? ¿Se han identificado y georreferenciado los hogares con personas en condición de riesgo elevado? ¿Existen protocolos específicos de evacuación prioritaria para estas poblaciones? ¿Se ha garantizado la continuidad de tratamientos crónicos para pacientes que han debido desplazarse a albergues?
Albergues sin agua potable: la denuncia de la Defensoría
La Defensoría del Pueblo ya alertó sobre la falta de garantías mínimas en los procesos de evacuación preventiva hacia albergues. Comunidades indígenas kokonukos y campesinos han denunciado carencias de agua potable, alimentos para niños y adultos, y enseres básicos en algunos de los refugios habilitados.
¿Qué papel está jugando la Secretaría de Salud en la verificación de condiciones sanitarias de los albergues? ¿Se ha garantizado agua segura para el consumo? ¿Hay vigilancia de la calidad de los alimentos que se distribuyen? ¿Se han instalado unidades sanitarias suficientes para prevenir brotes de enfermedades diarreicas o dermatológicas en condiciones de hacinamiento?
Calidad del agua: un río que cambió de color
El SGC reportó cambios en la coloración del río San Francisco, atribuidos al lavado de cenizas acumuladas. Este río y otras fuentes hídricas abastecen a comunidades rurales que podrían estar consumiendo agua con sedimentos volcánicos y compuestos potencialmente nocivos.
¿Ha coordinado la Secretaría de Salud análisis de calidad del agua en las fuentes que abastecen a la población afectada? ¿Se han emitido alertas sobre el consumo de agua de quebradas y nacimientos cercanos al volcán? ¿Se están distribuyendo sistemas de purificación o agua embotellada en las zonas de mayor riesgo?
Comunicación de riesgo: ¿campañas efectivas o declaraciones de prensa?
La Secretaría de Salud menciona “campañas de educación en autocuidado” y recomendaciones sobre uso de tapabocas, gafas y sombreros. Sin embargo, muchas de las comunidades afectadas son indígenas con sus propias lenguas y sistemas de comunicación.
¿Se han desarrollado materiales informativos en lenguas indígenas? ¿Se está trabajando con las autoridades tradicionales y la Guardia Indígena para garantizar que los mensajes de salud lleguen efectivamente a toda la población? ¿O las campañas se limitan a comunicados de prensa y publicaciones en redes sociales que no alcanzan a las comunidades más aisladas?
La respuesta de la Secretaría
Consultada sobre estas inquietudes, la Secretaría de Salud Departamental ha reiterado su compromiso con la protección de la vida y la salud de los caucanos. En declaraciones previas, Carolina Camargo señaló: “Hemos dado respuesta inmediata, fortaleciendo la red pública y entregando elementos de protección a la comunidad”. La funcionaria también ha destacado la articulación con la ESE Popayán y las autoridades indígenas.
No obstante, las acciones descritas en los comunicados oficiales contrastan con los testimonios de comunidades que reportan atención insuficiente, y con las advertencias de la Defensoría del Pueblo sobre las carencias en los albergues. La alerta naranja se mantiene sin fecha de levantamiento, el volcán continúa emitiendo gases y ceniza, y las preguntas sobre la capacidad real de respuesta del sistema de salud departamental siguen sin respuestas concretas.
Lo que está en juego
El volcán Puracé no registraba emisiones de ceniza desde 1977, hace 48 años. Esta es una emergencia sin precedentes para una generación completa de caucanos. El SGC advierte que la alerta naranja puede prolongarse por semanas e incluso meses, con fluctuaciones en la actividad que no deben interpretarse como retorno a la normalidad.
En este contexto, la salud pública no puede limitarse a entregar tapabocas y fortalecer un hospital. Se requiere una estrategia integral que anticipe escenarios, proteja a los más vulnerables y garantice que ningún caucano enferme o muera por falta de previsión institucional. Las preguntas planteadas en esta nota no buscan señalar culpables, sino exigir la transparencia y la rendición de cuentas que la emergencia demanda.
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