La Frontera Invisible: Cómo el Tren de Cercanías Redefinirá la Economía del Norte del Cauca
Mientras Cali y el Valle del Cauca avanzan en la estructuración del megaproyecto del Tren de Cercanías con una inversión de $12 billones de pesos, existe una dimensión económica que ha quedado en segundo plano en el debate público: el impacto transformador que esta infraestructura tendrá sobre el Norte del Cauca, una región de 35 empresas en zonas francas, tres polos industriales y más de 150.000 empleos directos vinculados a la agroindustria…
Por: Armando Melendez
Los Números que Cuentan una Historia
El convenio firmado el 27 de noviembre de 2025 por la ART Movamos Región, por valor de $8.300 millones para actualizar la Encuesta de Movilidad Regional, incluye dentro de su alcance a Puerto Tejada, municipio caucano que representa el verdadero epicentro de la integración económica entre ambos departamentos. Esta decisión técnica revela una verdad económica innegable: la frontera administrativa entre Valle y Cauca es una ficción burocrática cuando se observan los flujos reales de capital, trabajo y producción.
Las cifras son contundentes: más de 5.000 personas se movilizan diariamente entre Santander de Quilichao y Cali, según datos de la Gobernación del Valle. Puerto Tejada, por su parte, concentra el 90% de su área agrícola en cultivos de caña de azúcar y alberga tres complejos industriales convertidos en Zonas Francas Permanentes Especiales bajo el Decreto 1197 de 2009. Hablamos de una economía que genera más de $2 billones anuales en producción agroindustrial y que depende críticamente de su conectividad con el área metropolitana de Cali.
El modelo de transporte de cuatro etapas que ahora se actualiza evaluará hasta 25 escenarios, y en varios de ellos, según fuentes de la ART Movamos Región, se contempla la viabilidad de extender el sistema ferroviario eléctrico hasta el corazón industrial del Norte del Cauca. La inversión adicional estimada para esta extensión oscilaría entre $4 y $6 billones adicionales, pero el retorno económico sería exponencial.
Hagamos las cuentas: las 35 empresas asentadas en la Zona Franca del Cauca, que incluyen sectores de alimentos, bebidas, lácteos, papel, empaques y transformación de madera, generan aproximadamente 14.000 empleos directos. La reducción del 33% en tiempos de viaje que promete el tren no solo optimizaría la logística de estas empresas, sino que abriría un corredor industrial competitivo que conectaría directamente la producción caucana con el Puerto de Buenaventura, el más importante del Pacífico colombiano.
El Reloj que No Se Detiene
El estudio de movilidad regional tendrá 36 meses de duración, culminando en 2028. Para entonces, las elecciones presidenciales de 2026 ya habrán definido un nuevo gobierno. La pregunta no es si el tren llegará al Norte del Cauca, sino cuándo y bajo qué modelo de financiación.
Lo que está en juego no son solo $12 billones o 14.000 empleos. Es el futuro de una región que históricamente ha sido invisible para el poder central, pero que representa uno de los corredores económicos más dinámicos del país. Una región donde la población afrocolombiana, que fundó Puerto Tejada en 1897 como acto de resistencia contra el esclavismo, aún espera que las promesas de desarrollo lleguen en forma de rieles, no de discursos.
El Valle del Cauca ha asegurado su 30% de cofinanciación. El Norte del Cauca ni siquiera está en la conversación formal. Y esa es, quizás, la mayor injusticia económica de este proyecto: que una región que aporta billones al PIB nacional siga siendo tratada como apéndice, cuando debería ser protagonista.
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