EL CAUCA SE FRACTURA: Petro, Guzmán y La Fuerza del Pueblo, los grandes perdedores de la guerra indígena
Mientras usted lee estas líneas, la vía Panamericana —ese cordón umbilical que conecta al suroccidente colombiano con el resto del país— vuelve a estar bloqueada. Esta vez son los Misak quienes cierran el paso entre Piendamó y La María, denunciando que el CRIC y el cabildo Nasa de Pitayó, con la complicidad silenciosa de la Agencia Nacional de Tierras, invadieron más de 9.500 hectáreas de su territorio ancestral. Pero este bloqueo no es solo un problema vial. Es el síntoma más visible de una fractura que está redibujando el mapa político del Cauca y que tiene perdedores claros: el Gobierno de Gustavo Petro, la Gobernación de Jorge Octavio Guzmán y su presunto movimiento La Fuerza del Pueblo.
La implosion del CRIC: un gigante con los pies de barro
Los números no mienten. El CRIC, que en su momento decía agrupar al 90% de los cabildos indígenas del Cauca, hoy enfrenta una sangría sin precedentes. Según reportes periodísticos recientes, el 70% de las comunidades del norte del Cauca se ha separado de la organización, fragmentándose en al menos tres grupos: los Nietos de Quintín Lame, los independientes y la Coccam. La organización habría pasado de representar a decenas de miles de asociados a conservar apenas unos 10.000, mientras más de 70.000 indígenas habrían desertado.
Las razones son conocidas y graves: denuncias de corrupción en el manejo de recursos, contratos opacos como los 57.000 millones de pesos firmados en 2024 para “proyectos productivos y ambientales” que, según líderes disidentes, nunca llegaron a las bases, y al menos 32 indígenas asesinados en 2023, muchos en disputas internas. La pregunta ya no es si el CRIC se debilita, sino qué queda de él.
El bloqueo Misak: la estocada que agrava la herida
Lo que ocurre hoy en la Panamericana no es un bloqueo más. Es un enfrentamiento abierto entre dos naciones indígenas —Misak y Nasa— que antes, al menos en apariencia, convivían bajo un paraguas común de reivindicación territorial. Los Misak denuncian que integrantes del cabildo de Pitayó, adscritos al CRIC, ingresaron sin autorización a su resguardo, instalaron banderas, leyeron resoluciones de la ANT, sembraron plántulas y destruyeron cercas. La gobernadora Misak, Liliana Pechene Muelas, exige la presencia del ministro del Interior y del director de la ANT. Las pancartas son elocuentes: “Violar nuestra jurisdicción Misak es violar los derechos indígenas conquistados en el 91.”
Cada bloqueo es una declaración de guerra territorial contra el CRIC. Y cada día que la Panamericana permanece cerrada, el mensaje se amplifica: el CRIC no puede garantizar la paz ni siquiera entre pueblos indígenas. ¿Cómo puede entonces pretender gobernar un departamento?
Petro y Guzmán: atrapados en el fuego cruzado
Aquí es donde la ecuación política se vuelve letal para dos actores que, paradójicamente, ganaron en 2023 gracias a la fragmentación del voto indígena.
El Gobierno Petro firmó un pacto tácito con el CRIC: recursos a cambio de gobernabilidad. Los 57.000 millones de 2024, los acuerdos sobre las 40.000 hectáreas de tierras, la interlocución privilegiada con la Consejería Mayor. Pero ahora ese pacto se le voltea. Los Misak bloquean la vía exigiendo que la ANT —una entidad del gobierno nacional— anule resoluciones que favorecieron al CRIC. Los comerciantes y gremios del Cauca claman porque el presidente “voltee la mirada al Cauca”. El sector gastronómico advierte que no soporta más cierres en vísperas de Semana Santa. Y la oposición se frota las manos: cada bloqueo es una foto de la ingobernabilidad del “gobierno del cambio” en su propio territorio aliado.
Jorge Octavio Guzmán y La Fuerza del Pueblo están en una posición aún más incómoda. Guzmán ganó la gobernación en 2023 con 175.781 votos, apadrinado por el exgobernador Elías Larrahondo y sectores del conservatismo caucano como el exsenador José Darío Salazar. Su victoria se construyó sobre la división del voto progresista entre Mazabuel (MAIS, 19.768 votos) y Castrillón (Pacto Histórico, 102.398). Es decir, Guzmán no ganó por fortaleza propia, sino por debilidad ajena. Ahora, cada vez que la Panamericana se cierra, su gobernación aparece impotente. No puede mediar entre Misak y Nasa porque no es interlocutor válido para ninguno de los dos. No puede desbloquear la vía porque el conflicto es de competencia nacional. Y no puede capitalizar políticamente la crisis porque su movimiento, La Fuerza del Pueblo, carece de estructura territorial en los municipios indígenas.
De cara a 2027, esto es demoledor. La Fuerza del Pueblo fue una coalición de circunstancia que funcionó para ganar una elección, pero no ha demostrado capacidad de convertirse en movimiento permanente. Si la crisis indígena sigue escalándose, el Cauca llegará a las próximas elecciones con una percepción de desgobierno que salpicará directamente al gobernador y a quienquiera que herede su proyecto.
La oportunidad del MAIS: renacer en el caos
Y aquí viene la paradoja más interesante de esta crisis: mientras el CRIC como organización se debilita, el MAIS como partido político podría fortalecerse. ¿Cómo?
Primero, por diferenciación. El MAIS tiene personería jurídica propia y representación legal independiente del CRIC, aunque históricamente han sido aliados. Si el MAIS logra posicionarse como el “movimiento indígena limpio” —el que no tiene las denuncias de corrupción del CRIC, el que defiende la autonomía territorial sin invadir resguardos ajenos— podría captar el voto de los descontentos que aún quieren representación indígena pero ya no confían en la dirigencia del CRIC.
Segundo, por victoria demostrada. La elección atípica de Inzá en 2025, donde el candidato del MAIS (Delio Hernán Trujillo) ganó con 5.011 votos y una propuesta centrada en autonomía indígena, soberanía alimentaria y gobierno participativo, es una hoja de ruta replicable. Inzá demostró que el MAIS puede ganar en territorio indígena sin necesitar el aparato burocrático del CRIC. Ese modelo —candidatos locales, propuestas concretas, distancia de las querellas internas— puede exportarse a otros municipios.
Tercero, por coyuntura. Cada bloqueo de la Panamericana genera dos efectos simultáneos: desgasta al CRIC ante la opinión pública y abre una ventana para que actores políticos alternativos ofrezcan soluciones. Si el MAIS se presenta ante los caucanos como un interlocutor indígena diferente, canaliza en las urnas la frustración de las comunidades que están cansadas de que “la plata no llegue” y de que los bloqueos arruinen su economía cotidiana, sin renunciar a las banderas ancestrales.
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