La agresividad de la oposición y el bloqueo de recursos para proyectos clave como el Tren de Cercanías parecen haber cruzado una línea roja, convirtiéndose en la mandataria en víctima y activando la resiliencia del departamento.
Lo que comenzó como una oposición política en redes sociales ha derivado en una campaña de desprestigio que incluye montajes y agresiones personales contra la gobernadora Dilian Francisca Toro. Sin embargo, quienes diseñan esta estrategia de desgaste desde las “bodegas” afines al Gobierno Nacional, parecen haber cometido un error de cálculo: subestimaron la reacción de la mandataria y del electorado vallecaucano.
La narrativa de odio, impulsada por figuras que buscan posicionarse para las elecciones de 2026 atacando a la administración local en lugar de mostrar resultados propios, ha comenzado a generar el efecto contrario. Al evidenciarse que los ataques —incluidos audios clonados con IA— son fabricados, la ciudadanía ha comenzado a percibir un ensañamiento injustificado.
El punto de quietud fue la gestión del Tren de Cercanías. Lo que parecía un intento desde Bogotá por asfixiar un proyecto liderado por la Gobernación para restablecer méritos a su gestión, terminó activando un plan B de alianzas público-privadas liderado por Toro, quien ha capitalizado la situación demostrando capacidad de gestión ante la adversidad.
Al final, la pregunta que ronda en el Valle del Cauca es clara: ¿Quién se beneficia realmente del caos? Mientras la estrategia de indignación del petrismo busca replicar éxitos electorales pasados, la realidad actual sugiere que el departamento está cerrando filas ante lo que se percibe como un ataque centralista y coordinado.
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